lunes, 1 de julio de 2024

La Inteligencia Artificial, maestra de humanidad (Javier Sánchez Cañizares, Omnes)

Casi dos años después retomo este blog. La falta de tiempo puede sonar a tópico pero la realidad es que la presidencia de la Sociedad de Científicos Católicos de España (unido, por supuesto, a mis obligaciones y quehaceres familiares y profesionales), me deja muy poco tiempo para leer (y comentar) todo lo que me gustaría. 

Y el retorno es, claramente, a lo grande, con un artículo sobre Inteligencia Artificial publicado en Omnes por una de las mentes más lúcidas que conozco: Javier Sánchez Cañizares. (@jscanizares en X). Las ideas que a continuación se van a comentar no pretenden servir de resumen y ahorrar la lectura del artículo. Todo lo contrario. El objetivo de esta entrada es aumentar la curiosidad del lector y que éste se vea empujado a disfrutar del artículo completo. Vamos allá.

Desde hace años la Inteligencia Artificial (IA) no es ni un concepto abstracto ni un mero desarrollo tecnológico que tiene lugar en una serie de centros de investigación gracias al trabajo de un grupo reducido de científicos. Al contrario, la IA se encuentra presente en numerosos ámbitos de la actividad humana, desde los chatbots con los que interactuamos cuando realizamos gestiones online o los lectores de matrícula que registran nuestra entrada a un párking hasta herramientas como chatGPT cuyo uso es cada vez más y más común. 

Existe, por tanto, una relación entre la IA y los seres humanos.  Y, al igual que ocurre con las relaciones humanas, podríamos plantearnos preguntas del estilo: ¿esta relación me beneficia o me perjudica? ¿puedo sacar experiencias positivas? ¿puedo aprender cosas nuevas? ¿me ayuda a ser mejor persona? ¿Puedo ayudar yo a mejorar la IA?

Ante estas preguntas, lo primero que normalmente se nos viene a la cabeza es la necesidad de "humanizar" la IA. Es necesario introducir unas normas éticas y morales para intentar limitar el uso inmoral de esta tecnología. Y, en paralelo, es necesario desarrollar legislaciones que, mediante sanciones, disuadan a los potenciales infractores de llevar a cabo dichas acciones.  El uso de filtros en Internet o la protección de los datos personales son un par de ejemplos de medidas ya implementadas en este sentido. No obstante, la pregunta más rompedora viene en el otro sentido: ¿Nos puede enseñar la Inteligencia Artificial sobre lo que significa ser "humano"? Conociendo mejor la IA, ¿podemos entender mejor qué es lo que nos diferencia de ella? La respuesta es que sí. Veamos algunos ejemplos:

  • Es más exacto hablar de "Inteligencias Artificiales" que de "Inteligencia Artificial". Hay diferentes IAs especializadas en resolver problemas concretos, muy probablemente con una mayor eficiencia que el ser humano, pero solamente ese problema: el algoritmo que me gana una y otra vez al ajedrez no es capaz, por ejemplo, de encontrar las siete diferencias entre dos imágenes muy similares. En este sentido, la naturaleza de los problemas que pueden ser abordados por la inteligencia humana son infinitamente más variados. 
  • El ser humano es capaz de distinguir entre conocimiento y realidad. Aunque nuestro deseo de conocer parece no tener límites, nuestro conocimiento de la realidad sí lo tiene. La realidad es mucho más grande de lo que conocemos. Y lo sabemos. Esto no ocurre en el caso de la IA, donde su "realidad" se limita al ámbito del conocimiento para el que ha sido diseñada. Para AlphaZero, por ejemplo, la realidad se circunscribe al ámbito de un tablero de ajedrez. 

    • De lo anterior queda claro que la IA es distinta a la inteligencia humana pero, ¿podría llegar un momento en que se equiparen? Para ello, una condición necesaria sería que la primera pudiera "evolucionar" de manera similar a la humana, esto es, sin trabas ni cortapisas de ningún tipo. Y esto no es así. La IA funciona a partir de una finalidad externa impuesta por los programadores. Por el contrario, el ser humano goza de libertad creativa. La historia vital de cada persona está marcada por retos, objetivos orientados hacia un fin que puede ser muy diferente a lo largo de la vida de una persona y que, en absoluto, se encuentra predeterminado. Esto es vivir "de manera humana". En palabras de Gonzalo Génova, la IA "resuelve" problemas pero no "tiene" problemas. 
    • Finalmente se plantea el problema de la trascendencia. El ser humano conoce sus limitaciones, sabe que está orientado hacia el bien, la verdad y la belleza pero no puede alcanzar la plenitud en este mundo. Aspira a tener una existencia plena, en lo que todo lo vivido no se pierde y adquiere su sentido último. Tal y como concluye el artículo, no es poca enseñanza sobre lo que significa vivir humanamente. 
    Esperemos que no tengan que transcurrir otros dos años hasta la siguiente entrada...

    sábado, 10 de septiembre de 2022

    I Congreso de la Sociedad de Científicos Católicos de España

    En unos pocos días (15-17 de septiembre) tendrá lugar en Pamplona el primer congreso de la Sociedad de Científicos Católicos de España. 

    La información del congreso se puede encontrar en 

    https://www.unav.edu/web/congreso-society-catholic-scientists-spain

    Como se puede ver, el programa es altamente variado e interesante. La inscripción se encuentra todavía abierta. Además de la participacion presencial también existe la posibilidad de registrarse como participante/oyente on-line. 

    !Os animo a asistir!




    martes, 2 de agosto de 2022

    Vida inteligente fuera de la Tierra. Implicaciones teológicas (VI y último). ¿Cómo afectaría el descubrimiento de una civilización inteligente extraterrestre a mi relación con Dios?

     Y ya, por fin, llegamos a la última entrada de este hilo en donde hemos ido comentando lo que, a día de hoy, nos dicen la Astrofísica y la Astrobiología sobre la posible existencia de vida en otros planetas. Hoy trataremos de responder la pregunta de qué ocurriría si, en algún momento, tuviera lugar un descubrimiento de tal calibre, ¿Llegarían a tambalearse los fundamentos de la teología cristiana? Veamos a continuación que, de ningún modo, esto sería así a través de las siguientes preguntas:

    • ¿Se ha pronunciado la Iglesia católica de manera oficial respecto a la vida inteligente extraterrestre? ¿Hay Magisterio al respecto? La respuesta es que no. El contacto con otras civilizaciones puede tardar miles de años en producirse o puede no producirse nunca por lo que no tiene mucho sentido que la Iglesia se pronuncie de manera formal sobre una mera hipótesis. Lo que sí hay son opiniones particulares de miembros de la Iglesia, en particular del Observatorio Vaticano.  Por ejemplo, Guy Consolmagno, su actual director, fue preguntado acerca de si estaría dispuesto a bautizar a un extraterrestre. Su respuesta a esta pregunta la podéis encontrar aquí.
    • ¿Afectaría el hipotético futuro descubrimiento de civilizaciones extraterrestres al plan de salvación de la humanidad? La respuesta es que no. La Iglesia,  a través de la Constitución Dogmática Dei Verbum, en su capítulo I nos dice que en Cristo culmina la revelación, esto es, tras la venida de Cristo a la Tierra no va a ocurrir nada que cambie de manera significativa el plan de salvación que Dios tiene con la humanidad. 
    • ¿Cómo serían estos hipotéticos seres inteligentes extraterrestres? Debemos pensar que también serían fruto del amor de Dios. Y también habrían sido creados a Su imagen y semejanza, entendiendo por imagen y semejanza lo que nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica en su punto 1711. "Dotados de alma espiritual, de entendimiento y de voluntad, ..., ordenados a Dios y orientados a la búsqueda y el amor de la verdad y del bien". 
    • Si existieran estos seres creados y amados por Dios, ¿cómo influiría este hecho en la relación de Dios conmigo? Absolutamente en nada. Ésta es la misma pregunta que se hacía el pueblo judío hace miles de años cuando se planteaba cuál era la relación de Yavhé con los pueblos paganos que le rodeaban. Y la respuesta es sencilla: el amor de Dios es infinito, me ama a mí personalmente como si no hubiera otro ser humano sobre la faz de la Tierra y dio hasta la última gota de su sangre por salvarme. Por tanto, no me tiene que preocupar un ápice cuál es el plan de Dios con otros pueblos (o, en el caso que nos ocupa, otras civilizaciones). A efectos de lo que a mí me interesa (que es salvarme) tengo más que suficiente con lo que nos dice la Sagrada Escritura, la Tradición y el Magisterio. 
    • Pero, ¿qué ocurre con el tema de la salvacion? Éste es, sin duda, un tema algo más complejo. La Iglesia nos dice que Dios tiene una relación privilegiada con el hombre y que la segunda persona de la Trinidad es verdadero Dios y verdadero hombre y se encuentra sentado a la derecha del Padre. ¿Cómo cuadra esto con la salvación de las otras civilizaciones? ¿También murió Cristo por ellos? Por supuesto es pretencioso y casi infantil pretender resumir en unas pocas líneas el plan salvífico de Dios con estas hipotéticas civilizaciones extraterrestres. Pero, puestos a elucubrar, podríamos plantear diferentes escenarios. 
      • Podría ser que la única civilización que, haciendo un mal uso de su libertad, se alejó de Dios fuera la nuestra y que el resto siguiera viviendo en armonia con el Creador en lo que, en términos humanos, entendemos como el Paraíso. En este caso, nosotros seríamos los protagonistas de la parábola de la oveja perdida (Lucas 15, 1.7). 
      • Pero, ¿qué pasaría si estas civilizaciones también hubieran pecado? En este caso podríamos plantearnos dos posibles situaciones. Por un lado, la Iglesia nos dice que el poder salvífico de la Cruz es infinito. Por tanto, el sacrificio de Cristo en la Tierra serviría para salvar a todas las civilizaciones existentes. O bien pudiera ocurrir que Dios tuviera un plan redentor distintos para estos hipotéticos seres. Podríamos pensar en la parábola de los jornaleros (Mateo 20, 1-15) en donde todos reciben al final del día el mismo premio aunque el trabajo realizado haya sido distinto. En cualquier caso, lo que debemos tener claro es que la misericordia de Dios es infinita y que si una civilización necesita de Su ayuda, sin duda va a poder contar con ella. 
    • Supongamos que, en algún momento de la historia de la humanidad, entramos en contacto con alguna de estas civilizaciones. ¿Cuál debería de ser nuestra relación con estos seres? Pues de igual a igual, independientemente de lo avanzados o retrasados que, tecnológicamente, nos encontremos los unos de los otros. Ambos seríamos criaturas fruto del amor de Dios, a su imagen y semejanza y, por tanto, tendríamos la misma dignidad. 
    En conclusión, aún siendo extremadamente difícil que entremos en contacto con una civilización extraterrestre, si esto llegara a ocurrir en algún momento, no afectaría para nada a la religión católica. Por consiguiente, no tiene ningún sentido tanto la postura del católico que mira con aprensión los avances científicos ante el temor de que le vaya a suponer una quiebra en su fe como la del ateo que piensa que la astrofísica y la astrobiología estan en el camino de hacer algún descubrimiento que ponga en evidencia la fe católica. Y, para muestra, os dejo a continuación el cartel de una reunión científica organizada por el Observatorio Vaticano sobre la búsqueda de vida fuera del Sistema Solar. Asimismo, os paso el enlace de un informe preparado por el actual director del Observatorio Vaticano sobre la búsqueda de vida inteligente y cómo compaginar esta búsqueda con la fe católica.  Ambos son un fiel reflejo de la naturalidad con la que la Iglesia se toma estos temas. 


    Hemos llegado al final de un hilo de seis entradas que nos ha llevado casi un año y en el que he tratado de resumir de la manera más didáctica posible los aspectos más destacados de la búsqueda de vida fuera de la Tierra tanto desde el plano de la ciencia como el de la Fe. Espero que haya sido de vuestro interés. 



    lunes, 1 de agosto de 2022

    Vida inteligente fuera de la Tierra. Implicaciones teológicas (V). ¿Realmente existen esas civilizaciones?

     Seguimos con la quinta (y penúltima) entrada de este hilo que se está dilatando en el tiempo más de lo esperado. Pero las circunstancias son las que son :-)

    Ecuación de Drake (fuente: Business insider)


    Nos centraremos ahora en los cuatro últimos factores de la ecuación:
    • fl: fracción de planetas en los que la vida ha aparecido. 
    Sabemos que este factor no es cero porque sabemos que la vida se ha desarrollado en la Tierra. Pero no sabemos mucho más. En las entradas anteriores hemos visto que las condiciones físico-químicas necesarias para el desarrollo de la vida parece que se dan en una cantidad enorme de planetas. Incluso en nuestro sistema solar, existen lugares que pueden ser (o fueron) aptos para la vida: las evidencias de que hubo grandes cantidades de agua líquida en la superficie de Marte son cada vez más numerosas. Es posible que ese agua exista también a pocos centímetros debajo de dicha superficie y que haya dado lugar al desarrollo de vida simple (leer más aquí). Los océanos subterráneos de Encélado, Europa y Ganímedes, lunas heladas en las que, hasta hace pocos años, se pensaba que el desarrollo de la vida era imposible son ahora objetivos prioritarios para la búsqueda de vida extraterrestre. Asimismo se ha postulado la existencia de vida basada en el metano en los lagos de la superficie de Titán. Incluso la vida basada en la fosfina también se ha barajado como hipótesis en un entorno tan hostil como pueden ser las nubes de Venus. Muchos y variados escenarios pero, de momento, nada más que hipótesis. 

    ¿Cómo seríamos capaces de confirmar la existencia de vida en otros planetas? Usando lo que se conoce con el nombre de biofirmas. Las biofirmas son aquellos elementos, substancias o características que solamente pueden haber sido ocasionados por la existencia de seres vivos, en la actualidad o en el pasado. Es imposible hacer una descripción detallada de las biofirmas en una sección de una entrada de un blog, por lo que recomiendo este artículo para aquellos de vosotros que queráis profundizar en este tema.  

    En nuestro sistema solar podríamos llegar a detectar señales de vida mediante el envío de satélites y sondas que estudien in situ los ambientes anteriormente citados, pero, ¿cómo hacemos para descubrir vida en planetas que se encuentran a años-luz de nosotros? Estudiando la luz que reflejan o emiten dichos planetas a través de su espectro electromagnético. 


    En la figura anterior se compara el espectro electromagnético de la Tierra (azul) con el de Marte (amarillo) y Venus (rojo). Las características espectrales del oxígeno molecular, el dióxido de carbono, el agua o el ozono son fácilmente apreciables. ¿Hay alguna que sea exclusiva de la Tierra? Obviamente, el dióxido de carbono no cumple esta condición ya que aparece también en las atmósferas de Marte y Venus. Por el contrario, la intensa banda de ozono  (O3) que se aprecia a 9.6 micras es específica de la Tierra... o al menos eso parece deducirse de la figura. Sin embargo, esto no es así. A otras longitudes de onda no cubiertas por la figura anterior se ha encontrado también ozono en Venus y Marte. Y en ambos casos , el origen es abiótico, esto es, no originado por la presencia de seres vivos. En el caso de Venus, el ozono se forma cuando la luz del sol rompe las moléculas de dióxido de carbono (CO2) liberando átomos de oxígeno que son transportados por los vientos atmosféricos a la zona oscura del planeta en donde se pueden unir formando oxígeno molecular y ozono. Por su parte, la molécula de agua también ha sido identificada en la atmósfera de Venus. Lo mismo ocurre con el metano (CH4) causado en la Tierra principalmente por los seres vivos mientras que en el caso de Marte se sugiere un origen abiótico.

    Todo lo anterior nos muestra una de las grandes dificultades asociadas a las biofirmas. Por el momento, no conocemos ninguna que nos proporcione una certeza total de que haya sido consecuencia de la actividad de seres vivos. Existen biofirmas más prometedoras que otras, o incluso combinaciones de ellas, pero todavía queda un largo camino por recorrer. Y a esto habría que añadir el hecho de que buscamos vida usando biofirmas en base a lo que conocemos en la Tierra. En el remoto (pero no imposible) caso de que la vida no haya seguido los patrones que siguió en nuestro planeta no tendríamos ni idea de qué biofirmas usar para detectarla. 

    ¿Y qué ocurre con los exoplanetas? ¿Podemos aplicar la misma metodología y estudiar sus espectros electromagnéticos? La tecnología actual solamente nos alcanza para estudiar planetas muy calientes y de tipo gaseoso ya que son los que tienen las atmósferas más extensas y brillantes. De hecho, una de las primeras imágenes del telescopio James Webb (JWST) nos muestra la presencia de agua y nubes en la atmósfera de uno de estos planetas gigantes gaseosos (WASP-96b). Una de las grandes esperanzas es que, en los próximos meses, JWST sea capaz de detectar agua en las atmósferas de exoplanetas rocosos similares a la Tierra. 

    La pregunta clave para estimar el valor de fl es la siguiente: ¿Es la transición entre la química y la biología un proceso necesario o, por el contrario, es un paso angosto que constituye un verdadero cuello de botella para el desarrollo de vida inteligente? Es cierto que la vida surgió muy poco después de que la Tierra se volviera habitable. Esto es alentador pero debemos ser prudentes porque nuestra muestra se reduce a un solo planeta. Sería muy arriesgado pensar, por ejemplo, que el hecho de que un medicamento haya dado resultados positivos en un paciente implique que pueda usarse de manera universal. ¿Está la química orgánica orientada al desarrollo de la biología? No lo sabemos.

    • fi: fracción de planetas en los que se ha desarrollado la vida inteligente.
    • fc: fracción de civilizaciones que han desarrollado una tecnología lo suficientemente compleja como para emitir señales que puedan ser captadas por otras civilizaciones.
    • L: duración de la civilización
    Al igual que en el apartado anterior, aquí solamente podemos elucubrar. ¿Es fácil el paso de vida simple a vida inteligente? ¿En cuántos de estos planetas con vida inteligente se ha desarrollado una tecnología lo suficientemente potente como para poder ser captada desde otros planetas? ¿cuál es la duración de estas civilizaciones tecnológicamente avanzadas? La respuesta a todas estas preguntas es: no lo sabemos. 

    Hemos visto en entradas anteriores que los primeros factores de la ecuación de Drake daban resultados altamente optimistas. Si lo mismo ocurriera con estos últimos factores, nuestra galaxia debería estar poblada por millones de civilizaciones tecnológicamente avanzadas. Si esto es así, se nos plantea la pregunta que da pie a la paradoja de Fermi: "¿dónde está todo el mundo?".  

    Una civilización tecnológica debería dejar su impronta en el espectro electromagnético, bien a través de la emisión de ondas radio (tal y como venimos haciendo en la Tierra desde hace un siglo) o bien en el rango infrarrojo a través, por ejemplo, de esferas de Dyson. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos del proyecto SETI y de otros proyectos centrados en la detección de exceso de brillo en el infrarrojo, este tipo de emisión propia de civilizaciones tecnológicas no ha sido detectada aún. 

    ¿Cómo explicamos lo anterior? Son numerosas las hipótesis que se barajan, demasiadas para ser explicadas aquí de manera detallada. Para los interesados, recomiendo el libro del físico y divulgador Stephen Webb "Si el universo está lleno de extraterrestres... ¿dónde está todo el mundo?: Setenta y cinco soluciones a la paradoja de Fermi y el problema de la vida extraterrestre".  (ISBN:  978-8446046318). Se ha propuesto, por ejemplo, que la duración de las civilizaciones avanzadas es corta y que suelen autoaniquilarse bien a través de las armas o bien a través de la sobre-explotación de los recursos. Otros, por el contrario,  sostienen que dichas civilizaciones existen, que saben dónde estamos pero que evitan ponerse en contacto con nosotros para protegernos. Hay quienes plantean que, aunque la vida en la Tierra apareció hace miles de millones de años, el ser humano habita en ella desde hace solamente unos miles de años por lo que es posible que esas civilizaciones visitaran la Tierra antes de que la especie humana existiera. Y muchas más hipótesis que podéis encontrar en el libro anteriormente citado. 

    Una teoría interesante es la hipótesis del gran filtro, que sostiene que el desarrollo de una civilización tecnológicamente avanzada es algo muy difícil de que suceda. Tomando como ejemplo la evolución en la Tierra, se identifican diferentes momentos clave que son muy improbable que ocurran. Entre ellos, por ejemplo, podemos destacar la endosimbiosis, el proceso que permitió el paso de células procariotas a eucariotas y que marcó un hito en el desarrollo de la vida compleja en la Tierra. Éste fue un proceso único que ocurrió en un momento determinado y que no ha vuelto a tener lugar. En esta línea se encuentra, por ejemplo, este artículo publicado recientemente en la revista Astrobiology, el cual sugiere que la existencia de vida inteligente fuera de la Tierra debe ser un fenómeno extraordinariamente raro.

    Por tanto, estos últimos factores de la ecuación de Drake podrían tener valores muy pequeños que harían que el resultado final de la misma (esto es, el  número de civilizaciones extraterrestres avanzadas) fuera un número muy pequeño. ¿Habitamos, por tanto, en un arca solitaria o, por el contrario, formamos parte de un universo lleno de vida? ¿Qué implicaciones tendrían estas dos hipótesis desde el punto de vista teológico? La respuesta es ninguna que ponga en tela de juicio la existencia de Dios. Tan válido es pensar en un universo lleno de vida que muestre la infinita capacidad creadora de Dios como en un universo carente de otras civilizaciones extraterrestres pero cuyo tamaño nos de cuenta de la inmensidad de su Autor. 


    domingo, 5 de junio de 2022

    Heino Falcke: los agujeros negros y Dios

    Hace unos días todos hemos podido disfrutar de la primera imagen de Sagitario A*, el agujero negro supermasivo situado en el centro de nuestra galaxia. Lo que hemos aprendido del artículo científico, de las conferencias de prensa simultáneas que tuvieron lugar por todo el mundo el pasado 12 de mayo o de las decenas de noticias y artículos que se publicaron en numerosos medios de comunicación es el resultado de muchos años de trabajo de centenares de investigadores y constituye un enorme hito tanto tecnológico como científico y una excelente prueba de lo necesario que son las colaboraciones internacionales para que la ciencia avance. Esta imagen (junto con la de M87 publicada en 2019), nos ha permitido "ver" por primera vez algo que, hasta hace unas pocas décadas no era más que un concepto teórico que emanaba de la Teoría General de la Relatividad de Einstein: los agujeros negros.



    Heino Falcke junto con una imagen del agujero negro de M87 (créditos: Boris Breuer).  Aunque este agujero negro es muy diferente en tamaño y masa a Sagitario A*, ambas imágenes son muy similares. En falso color (amarillo/rojo) se muestra el material que gira a velocidades cercanas a la de la luz y que está siendo engullido por el agujero negro central. El agujero negro "no se ve" (la gravedad es tan intensa que ni siquiera la luz puede escapar de sus garras). La zona oscura del centro de la imagen es lo que se conoce con el nombre de "sombra del agujero negro". 


    Uno de los principales investigadores del proyecto y la persona que propuso la idea de utilizar varios radiotelescopios de manera simultánea para captar la primera imagen de un agujero negro es Heino Falcke. La trayectoria profesional de Falcke es impresionante y se encuentra jalonada de numerosos premios y distinciones. Sin embargo, echando un vistazo a su currículum, hay una entrada que nos puede llamar poderosamente la atención: Heino Falcke es pastor protestante en los Países Bajos y constituye un excelente ejemplo de armonía entre ciencia y fe y cómo aquélla puede acercar a Dios. En palabras del propio Falcke, "cuando escribes sobre el Big Bang o sobre los agujeros negros, ¿cómo no preguntar por Dios?...Leemos en los libros de texto sobre Newton, Galileo, Kepler o Copérnico y no sabemos que eran personas profundamente creyentes y para ellos la ciencia y la fe eran la misma cuestión." Incluso la propia tecnología que nos permite observar el universo a lo largo de prácticamente toda su historia nos dice que nunca vamos a ser capaces de conquistarlo. "Dios nos deja ver algo de su gloria pero también nos dice que nunca alcanzaremos una pizca de esa grandeza. Creo que es una gran gracia que se nos permita ver esto. Podemos verlo pero no nos pertenece" [1]

    Haciendo un guiño a la teología y la ciencia, Falcke define a los agujeros negros como "la puerta al infierno", en el sentido de que estos monstruos cósmicos constituyen un mundo del que no se puede regresar y todo lo conocido es destruido. Es "la prisión definitiva de la que nunca saldrás" [2]. Asimismo defiende la idea de que el concepto de Dios trasciende el ámbito de la ciencia, la cual nunca podrá demostrar su existencia o no existencia: "la Física tiene una capacidad extraordinaria para explicar el funcionamiento del mundo pero porqué y cómo empezó a hacerlo son preguntas para las que no tiene respuestas". 

    Para terminar, me gustaría incidir en un aspecto que considero muy relevante a la hora de potenciar las relaciones entre ciencia y fe. Normalmente los creyentes vemos la relación entre la Iglesia católica y los científicos como una dicotomía en la que estos últimos son vistos como individuos que atacan frontalmente a la Iglesia y son, por tanto, el enemigo a batir. No obstante, más nos vale recordar la enseñanza de la paja en el ojo ajeno y la viga en el propio. En palabras de Falcke, "los cristianos no deben tener miedo a la ciencia. Es parte de la creación de Dios. Tenemos que involucrarnos con la ciencia y no verla como un enemigo, sino como algo que nos ha sido dado por Dios". 

                

    sábado, 7 de mayo de 2022

    La Iglesia católica sigue contribuyendo al progreso científico en pleno siglo XXI

    Como se ha comentado en anteriores entradas, el principal objetivo de este blog es demostrar que la ciencia y la religión católica no solamente pueden coexistir sino que se ayudan mutuamente en la búsqueda de la verdad. Ambas suman y no restan. La idea del conflicto ciencia-fe es algo superado desde hace décadas a nivel académico (no existe ningún departamento universitario en el mundo que tenga una línea de trabajo que defienda esta idea) y solamente se mantiene a nivel de calle gracias a las informaciones sesgadas y partidistas de ciertos lobbies mediáticos y la publicación de libros por parte de grupos como el Nuevo Ateísmo, libros con un marcado carácter cientifista en donde la ciencia se usa como mera excusa para la transmisión de una ideología. 

    También en anteriores entradas se ha destacado la estrecha unión que durante siglos ha tenido la Iglesia con la ciencia (ver por ejemplo la entrada sobre Iglesia y Universidad) y la relevancia que monjes y sacerdotes católicos han tenido en el desarrollo de algunas ramas de la ciencia. Entre los nombres más conocidos podríamos citar a Copernico y su teoría heliocéntrica; Steno, considerado el padre de la Geología; Mendel, padre de la Genética o la extensa lista de jesuitas científicos que han realizado a lo largo de los siglos contribuciones extraordinariamente relevantes en diferentes disciplinas científicas. Entre ellos, dejándome llevar por mi sesgo astronómico, podríamos citar a Angelo Secchi, uno de los pioneros de la Astrofísica y creador de las bases del sistema que se utiliza en la actualidad para clasificar las estrellas. Quizás el ejemplo más cercano en el tiempo que se nos viene a la mente sea el de George Lemaître, padre de la teoría del Big-Bang, quien realizó contribuciones fundamentales a la Cosmología durante la primera mitad del siglo XX. No obstante, la pregunta que nos puede surgir es: han pasado más de 50 años desde la muerte de Lemaître. Ahora, en pleno siglo XXI, ¿sigue la Iglesia católica realizando contribuciones de especial relevancia para la ciencia? La respuesta es afirmativa. 

    El Observatorio Vaticano es uno de los observatorios más antiguos del mundo. Sus orígenes datan del siglo XVI cuando el Papa Gregorio XIII introdujo la reforma del calendario. A finales del siglo XIX fue refundado por el Papa León XIII como respuesta a los intensos ataques que acusaban a la Iglesia católica de posicionarse en contra del progreso científico y de ser un freno para éste. A fecha de hoy, el Observatorio Vaticano, cuya plantilla está formada íntegramente por sacerdotes jesuitas y que cuenta con decenas de colaboradores laicos distribuidos en diferentes países, funciona como cualquier otro observatorio astronómico produciendo resultados que permiten avances en diferentes campos de la Astrofísica. Es posible encontrar un resumen anual de las actividades del Observatorio Vaticano en el siguiente enlace

    Hace tan sólo unos días, dos miembros del Observatorio Vaticano, Matteo Galaverni y Gabriele Gionti han publicado en la prestigiosa revista Physical Journal un artículo en el que sugieren un escenario matemático alternativo para explicar los primeros instantes del universo, en particular el comportamiento de la gravedad durante esos momentos. 

    Una de las hipótesis que se han propuesto para esos primeros instantes del universo es el de la inflación cósmica, que sugeriría una expansión ultrarrápida del mismo (de un tamaño subatómico hasta la mitad de la distancia entre la Tierra y el Sol en tan sólo 10–33 segundos). Para que esto ocurriera, es necesario asumir que la ley de la gravedad en estos primeros instantes presentaba un comportamiento mucho más complejo de lo que predice la Teoría General de la Relatividad de Einstein. Para ello se han propuesto diferentes teorías siendo la teoría de Brans-Dicke, una de las mas aceptadas. En su artículo, Galaverni y Gionti han demostrado que esta teoría presenta ciertas incompatiblidades con la Teoría de la Relatividad General y proponen un nuevo marco matemático no contemplado hasta la fecha para explicar el comportamiento de la gravedad en estos primeros instantes y que podría dar lugar a una revolución en nuestra comprensión del universo primigenio. 


    Resumen del artículo publicado en Physical Journal


    Como los propios autores advierten, su artículo es una aportación más a la ansiada unificacion del mundo de la relatividad general con el mundo cuántico y el planteamiento matemático que ellos han desarrollado debe verse confirmado (o rechazado) con datos observacionales. No obstante, el artículo constituye un excelente ejemplo de cómo, en pleno siglo XXI, la Iglesia católica sigue aportando su granito de arena al conocimiento del mundo que nos rodea, algo que, desde siempre, se ha visto como un medio de conocer mejor a Dios. Baste recordar las palabras de Steno: "uno peca contra la majestad de Dios si es reacio a examinar las obras de la naturaleza."

    A continuación enumero una serie (no completa) de enlaces a medios digitales que se han hecho eco de esta noticia. 


     



    El Observatorio Vaticano. Sede histórica en Castelgandolfo (arriba) y sede científica en el Monte Graham (Arizona, EEUU) (abajo). 



    sábado, 23 de abril de 2022

    Algunos libros recomendados sobre ciencia y fe

     En ocasiones me habéis preguntado sobre algunos libros que traten las relaciones entre la ciencia y la fe católica. Si bien es cierto que en algunas entradas de este blog es posible encontrar referencias a estas publicaciones, creo que es conveniente crear una entrada que unifique toda esta información que se encuentra ahora mismo un poco dispersa. La lista no pretende ni mucho menos ser completa ni exhaustiva sino, simplemente, ser un recurso para saber más sobre la relación entre ciencia y fe. En muchos casos facilito un enlace para la adquisición del libro el cual , en muchos casos, también pueden ser adquirido a través de otras plataformas de venta on-line. 

     

    • El diálogo entre ciencia y fe se ha expresado en muchas ocasiones con preguntas acerca de tres aspectos fundamentales: el origen y evolución del universo, la vida y su transformación, y el ser humano con sus atributos especiales de autoconciencia y libre albedrío. Hemos escogido 12 preguntas que nos parecen relevantes y les hemos dado una contestación que pretende contrastar el esquema científico acerca de la formación y evolución del mundo, con los relatos de las sagradas escrituras y los postulados de la fe cristiana. No se trata solamente de evidenciar la perfecta sintonía y compatibilidad entre ambas visiones del mundo, sino de ir mucho más allá. Lo que la ciencia nos cuenta enriquece y estimula la fe.
    • https://www.troa.es/libro/la-ciencia-contra-dios_1189482



    • Un total de 14 catedráticos y 12 profesores de España y América Latina, pertenecientes a trece universidades distintas y de las más diversas disciplinas, aúnan sus sólidos conocimientos y experiencias para ofrecer un texto de alto rigor académico, pero con un lenguaje asequible al ciudadano medio.
      Frente a la idea generalizada de que ciencia y fe son incompatibles, y a la confusión generada por escritores de diversas sectas protestantes norteamericanas, los autores ofrecen una lectura completamente diferente. Para ello, despojan a los conocimientos científicos de la capa ideológica con la que el materialismo los ha ido recubriendo desde el siglo XVIII. El lector podrá hacerse una idea cabal de la necesaria colaboración que ha de existir entre ciencia, razón y fe, para ensanchar el ámbito de nuestro conocimiento.
    He visto que el libro se encuentra descatalogado en las principales plataformas de venta on-line. No obstante, podéis acceder al libro en formato PDF en el siguiente enlace.



    • La obra resume, en el primer capítulo, las diversas hipótesis surgidas en los últimos siglos para explicar el origen del Cosmos, con especial referencia a la teoría del Big Bang. A continuación se exponen con claridad y lenguaje sencillo los mecanismos y procesos biológicos, físicos y químicos que intervienen en la formación de rocas, plantas y animales, hasta culminar en el homo sapiens. La obra demuestra cómo la metodología de las ciencias se limita descubrir cuáles son las leyes que rigen la naturaleza visible, mientras que la teología y la religión abordan las últimas causas no visibles que explican y dan su pleno sentido al mundo. 
    • https://www.troa.es/libro/hombres-de-ciencia-hombres-de-fe_544341





    • ¿Tiene algo que decir la ciencia a la filosofía? Este libro introduce al lector en el contexto de la física contemporánea para desvelar algunas singularidades que se dan en nuestro conocimiento del universo. La existencia de estas singularidades apunta a una emergencia de auténticas novedades en la naturaleza, apelando al uso de una razón ampliada que ayude a comprender el mundo que habitamos.

      Universo singular ofrece un punto de partida necesario, enraizado en la ciencia, para renovar la reflexión filosófica sobre el cosmos.
    • https://www.troa.es/libro/universo-singular_1015753



    • El testimonio de cinco grandes sabios: Galileo Galilei, Alessandro Volta, Maria Gaetana Agnesi, Louis Pasteur y Jéròme Lejeune; cinco personajes que han marcado el devenir de la ciencia en los últimos cinco siglos. La originalidad de esta obra es conjugar las geniales aportaciones de estos científicos con su faceta humana y espiritual, un aspecto que apenas se recoge en sus biografías. 
    • https://www.troa.es/libro/ciencia-y-fe-catolica-de-galileo-a-lejeune_943006

    • “Imagine if a Martian showed up, all big ears and big nose like a child’s drawing, and he asked to be baptized. How would you react?” —Pope Francis, May, 2014
       
      Pope Francis posed that question—without insisting on an answer!—to provoke deeper reflection about inclusiveness and diversity in the Church. But it's not the first time that question has been asked.

      Brother Guy Consolmagno and Father Paul Mueller hear questions like that all the time. They’re scientists at the Vatican Observatory, the official astronomical research institute of the Catholic Church. In 
      Would You Baptize an Extraterrestrial? they explore a variety of questions at the crossroads of faith and reason: How do you reconcile the The Big Bang with Genesis? Was the Star of Bethlehem just a pious religious story or an actual description of astronomical events? What really went down between Galileo and the Catholic Church—and why do the effects of that confrontation still reverberate to this day? Will the Universe come to an end? And… could you really baptize an extraterrestrial?

      With disarming humor, Brother Guy and Father Paul explore these questions and more over the course of six days of dialogue. 
      Would You Baptize an Extraterrestrial will make you laugh, make you think, and make you reflect more deeply on science, faith, and the nature of the universe.
    • https://www.amazon.com/-/es/Guy-Consolmagno-SJ/dp/0804136955


    • La relación entre ciencia y religión -y en particular el cristianismo- necesita siempre entenderse a la luz de los avances en ambas áreas del conocimiento y la reflexión humana. Esta serie de ensayos recogidos por Peter Harrison aportan una mirada fresca y contemporánea sobre este tema.
    • https://www.amazon.es/Cuestiones-Ciencia-religi%C3%B3n-Pasado-presente/dp/8429326723



    • Pocas personas saben que la Iglesia ha representado un papel clave en la revolución que ha experimentado la ciencia a lo largo de los últimos siglos. Con este libro podrás conocer esta realidad a través de las biografías de los cinco sacerdotes científicos más sobresalientes de los siglos XVI al XX: Nicolás Copérnico, Nicolás Steno, Lazzaro Spallanzani, Gregor Mendel y Georges Lemaître.
    • https://www.amazon.es/Sacerdotes-cientificos-Cop%C3%A9rnico-Lama%C3%8Etre-Argumentos/dp/8412088840



    • El caso Galileo mantendrá siempre vivo su interés como ejemplo de controversia entre ciencia y religión, quizá por su carácter excepcional. Ignacio Sols presenta aquí una revisión del caso, basada en una selección imparcial de textos para que el lector pueda formar su propia opinión. El autor profundiza sobre las causas del proceso que condujo a la condena a Galileo. El matemático italiano no pensó que desobedecía al publicar su Diálogo. La Iglesia había exigido una demostración del movimiento de la Tierra antes de interpretar literariamente ciertos pasajes de la Escritura, y él creía haberla encontrado en las mareas. Su argumento científico no era certero, pero sí su sincero pesar de que la Iglesia estuviese prohibiendo un sistema astronómico que, tarde o temprano, todos acabarían aceptando.
    • https://www.amazon.es/proceso-Galileo-trav%C3%A9s-sus-textos/dp/8412327403

    • La teoría del big bang, la «gran explosión» que habría originado nuestro mundo, pertenece a la cultura general de nuestra época; pero pocos saben que fue propuesta inicialmente por Georges Lemaître, físico y sacerdote católico. Lemaître nos ha dejado un ejemplo de honradez intelectual, nos ha abierto el camino para comprender un poco mejor el mundo en el que vivimos: un universo inmensamente grande al que accedemos por el conocimiento de lo extremadamente pequeño, que nos lleva a superar las paradojas de la existencia de un instante físico inicial, rompiendo con la visión estática del cosmos que se tenía hasta ese momento. Y esto fue posible gracias a su sano optimismo; optimismo que tenía su origen en el Dios misterioso y a la vez real en quien depositó su fe y al que tendían sus investigaciones científicas. 
    • https://www.amazon.es/HISTORIA-DEL-COMIENZO-EDUARDO-RIAZA/dp/B00G1PD1R2




    • https://www.amazon.es/El-origen-del-hombre-filosof%C3%ADa/dp/8431325011


    • El autor explica de modo accesible cómo funciona la evolución, y argumenta que esa cadena de casualidades se ajusta muy bien a un Dios que da sentido a todo, y no a un dios artesano, como tantos cristianos todavía creen.
      La vida ha ido apareciendo, como consecuencia de mecanismos puramente naturales. ¿Qué sucede entonces con el Dios de los cristianos? ¿No era acaso un Dios creador? ¿Pueden ser compatibles ambas afirmaciones? Si nos aferramos a un dios-ingeniero-mago, es misión imposible. Pero defender la creación, según Ratzinger, no es eso: es defender únicamente que ese universo en devenir está lleno de significado, porque procede de una mente creadora. El autor explica de modo accesible cómo funciona la evolución, y argumenta que esa cadena de casualidades se ajusta muy bien a un Dios que da sentido a todo.
    • https://www.troa.es/libro/evolucion_1009217


    Otros documentos y enlaces de interés.