martes, 7 de diciembre de 2021

El fin del universo desde el punto de vista de la fe católica y de la ciencia

Para los cristianos, el Adviento es un tiempo de preparación para la venida de Jesucristo. El Adviento precede a la Navidad, la primera venida de Cristo a la Tierra, una época del año que asociamos de manera inmediata con sentimientos de paz y alegría. No obstante, si uno se fija en las lecturas de estas primeras semanas de Adviento, percibirá que el tono de las mismas es bastante más apocalíptico ("Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y el oleaje, desfalleciendo los hombres por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo serán sacudidas. Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube con gran poder y gloria." (Lucas 21, 25-28). Estas lecturas se refieren a la segunda venida, la parusía, al fin de los tiempos cuando Cristo se aparezca en gloria y majestad. 

La muerte significa desaparición y es desgarradora desde el punto de vista afectivo. Es por esto por lo que el final de los tiempos, tanto el personal de cada uno como el de todo lo creado, es algo que siempre ha preocupado, incluso angustiado, al ser humano, el único ser vivo que sabe que va a morir ¿Cómo ve la ciencia y cómo ve la fe católica el fin de los tiempos? Veamos a continuación algunas ideas para dar respuesta a dichas preguntas.

 

  • El final de los tiempos según la ciencia.

Cuando hablamos de final podemos referirnos al final de la especie humana o, en un plano mucho más general, al final de todo cuanto nos rodea. En el primer caso podemos  encontrarnos con amenazas de muy diverso origen: biológico (pandemias ocasionadas por virus o bacterias con un número reproductivo R0 muy por encima de 1 y con una alta tasa de mortalidad), astronómico (por ejemplo, impacto de asteroides como el que acabó con la vida de los dinosaurios hace unos 65 millones de años y que produciría cambios severos en la climatología global de la Tierra), geológico (solidificación del núcleo terrestre, con la consiguiente debilitación o incluso desaparición del campo magnético que nos protege de las radiaciones de altas energías procedentes del espacio exterior, en particular del Sol) o incluso antropogénico (calentamiento global, contaminación, guerras nucleares,...). Pero, ¿qué hay del segundo caso? ¿qué nos dice la ciencia sobre "el final de todo"?

El modelo cosmológico propuesto por Lemaître a principio de la década de los años treinta del pasado siglo XX es la mejor intepretación que la ciencia tiene a día de hoy para explicar el pasado y el presente del universo. Según este modelo, el universo se expandió a partir de una singularidad inicial que dio origen a todo: materia, energía, espacio y tiempo. Durante décadas se pensó que la clave para entender el final del universo radicaba en la cantidad de materia que éste contenía y si ésta era lo suficientemente grande para frenar la expansión y empezar una compresión que desembocara en una nueva singularidad. Éste es el modelo que se conoce con el nombre de Big Crunch

No obstante, a finales del siglo pasado, dos equipos de investigación internacionales (the High-Z Supernova Search Team y el Supernova Cosmology Project) llegaron de manera independiente a un mismo resultado inesperado: el universo no se está frenando, sino todo lo contrario. Se está expandiendo de manera acelerada. El hecho de que la velocidad de expansión crezca con el tiempo implica que, no solamente la gravedad no es capaz de frenar dicha expansión, sino que debe de existir "algo" mas fuerte que la gravedad y que actúe de manera contraria a ésta, como una especie de "antigravedad". Ese "algo" recibe el nombre de energía oscura y su origen y propiedades es un gran misterio a día de hoy. 

¿Cuál sería el futuro del universo si se confirma dicha aceleración? Todos recordamos los problemas de Física del bachillerato en donde se nos pedía calcular la velocidad de un movimiento uniformemente acelerado. Basta dejar correr el tiempo lo suficiente para obtener un valor enorme de la velocidad de expansión del universo. Llegados a este punto conviene recordar que lo que se expande no es la materia sino el propio espacio que la contiene. Esta expansión desbocada hará que, dentro de miles de millones de años, gran parte del cosmos que ahora vemos salga de nuestro universo observable para no volver nunca más. Salvo nuestra galaxia y su entorno cercano no habrá ningun cuerpo más que podamos observar. Además, sabemos que el proceso de "reciclado" del universo por el que las estrellas masivas explotan como supernovas ejectando material que posteriormente es usado para la formación de nuevas estrellas también está llegando a su fin. Aproximadamente, el 90% de las estrellas a formar durante toda la historia del universo se han formado ya. En unos 10 mil millones de años todas las estrellas de masa similar o superior al Sol se habrán convertido en cadáveres estelares (enanas blancas, estrellas de neutrones o agujeros negros). Las estrellas de menor masa vivirán, no obstante, más tiempo. Muy poco brillantes, estos objetos se apagarán de modo extraordinariamente lento... pero llegará el día en que también se apaguen.

 

Gráfica que muestra la tasa de formacion estelar (el ritmo al que se forman nuevas estrellas) en función de la edad de las galaxias. Se aprecia como, a medida que el universo v cumpliendo más años (rojo --> amarillo --> verde --> azul), el ritmo de formación de estrellas va siendo cada vez menor. Fuente: Atek et al. (2014)

 

El futuro es morir solos y en la oscuridad. Sin embargo, el final puede ser incluso más deprimente. Si el universo contiene suficiente energía oscura, se producirá lo que se conoce con el nombre de Big Rip. En este escenario, la gravedad es incapaz de mantener cohesionada la materia la cual se iría desintegrando en elementos cada vez más simples (átomos y partículas elementales). Según el Big Rip, dentro de unos 20 mil millones de años, el universo se reduciría solamente a radiación. Pero esto no quiere decir que el universo deje de existir. Seguirá habiendo "algo" y los conceptos espacio y tiempo seguirán siendo perfectamente válidos. 

Miles de millones de años antes, la Astrofísica nos anuncia otro acontecimiento igualmente apocalíptico. Sabemos que las estrellas tienen, como los seres vivos, su propio ciclo vital (nacimiento, juventud, madurez, senectud y muerte) y los astrónomos conocen bastante bien la duración de cada uno de estos ciclos en función de la masa de la estrella. En el caso de nuestro Sol, lo siguiente que nos espera es un aumento de la luminosidad tal que, en unos mil millones de años, los océanos de la Tierra comenzarán a evaporarse dando lugar, muy probablemente, a un efecto invernadero que haga aumentar de manera descontrolada la temperatura en la superficie de nuestro planeta. Y esto no será nada más que el comienzo. Dentro de, aproximadamente, unos 5 mil millones de años el Sol se convertirá en una gigante roja En este proceso sus capas más exteriores se expandirán engullendo Mercurio, Venus y, probablemente, la Tierra. 

Si somos lo suficientemente avanzados tecnológicamente quizás algunos privilegiados puedan escapar de la Tierra y emigrar a otro planeta antes de que ésta se destruya. Incluso, puestos a pensar, miembros de la especie humana podrían emigrar a otras galaxias en un momento dado. Las mejoras propuestas por el transhumanismo y el posthumanismo podrían alargar significativamente nuestra esperanza de vida. Pero todo esto no deja de ser sino una huída hacia delante. La creación, tal y como nos dice la ciencia, tiene fecha de caducidad y el final no será nada feliz.



Modelo cosmológico estándar (fuente agencia SINC)


  • El final de los tiempos según la fe católica

Como comentaba anteriormente, saber si todo acaba con la muerte, con la de la Tierra o con la del universo es una de las preguntas fundamentales para la humanidad. La respuesta a dicha pregunta es necesaria para dar sentido a nuestras vidas tras la muerte y la de toda la humanidad tras el fin del universo.

La fe católica da una respuesta clara a la pregunta anterior. Nuestra vida no acaba aquí. Es más, aquí estamos solamente de paso, en tránsito a algo mucho mejor. Y todo gracias a la resurrección de Jesucristo. Y esto es algo tan importante que la Iglesia nos lo recuerda cada vez que recitamos el Credo durante la Misa: "y resucitó al tercer día, según las Escrituras y subió al cielo..." 

Cristo resucitó tras su muerte. Ésta es la clave de la fe católica tal y como nos lo recuerda San Pablo: "si Cristo no resucitó, vana es nuestra predicación, vana vuestra fe" (1 Co 15, 14). 

Pero la resurrección no acaba ahí. El propio Cristo nos anuncia que también nosotros resucitaremos: "No se turbe vuestro corazón. Creed en Dios y creed también en mí. En la Casa de mi Padre hay muchas habitaciones; si no fuera así, no os lo habría dicho. Yo voy a prepararos un lugar. Y volveré otra vez para llevaros conmigo, a fin de que donde yo esté, estéis también vosotros". (Juan 14, 1-3). 

Y si vamos a resucitar y tener otra vida, ¿cómo será esa "otra vida"? Nadie sabe la respuesta a este gran misterio. Sin embargo, la Iglesia nos ofrece unas pequeñas pinceladas sobre los aspectos más importantes de la misma. 

  • ¿Tendré cuerpo o seré un ser espiritual? Si tengo cuerpo, ¿qué clase de cuerpo tendré? ¿Se parecerá al terrenal? Si esto es así, ¿cómo es posible tras sufrir la corrupcion post-mortem?
La respuesta a esta pregunta nos la dan los Evangelios en su narración de las diferentes apariciones de Jesús hasta su Ascensión. En ellas no se nos muestra como un espíritu sino como un ser corpóreo al que se le puede tocar (por ejemplo, Lucas 24, 39; Juan 20, 27)  y con el que incluso es posible compartir comida (por ejemplo, Lucas 24, 30). 

No obstante, la resurrección de Cristo es esencialmente distinta a las que realizó en otros  durante su vida pública (la hija de Jairo, el joven de Naím, Lázaro). En estos casos las personas resucitadas volvían a tener una vida "ordinaria", en donde podrían volver a enfermar, sufrir y morir. Por contra, la resurrección que nos asegura Jesús tiene un valor infinitamente mayor y nos convertirá en seres con un nuevo cuerpo ("cuerpo glorioso") que vivirán en una nueva realidad. Esta nueva realidad trasciende las leyes de la naturaleza (tal y como nos dice Juan 20, 19, Cristo se aparece entre ellos estando las puertas cerradas). De alguna manera que se nos escapa, dicho cuerpo presenta características que lo hace reconocible por los Apóstoles pero que, en otras ocasiones, les resulta desconocido (recordemos por ejemplo a María Magdalena quien, el Domingo de Resurreción junto al sepulcro, lo confunde con el jardinero). Parece, por tanto, que la presencia del cuerpo es necesaria para reconocerle pero no suficiente. 

¿Cómo podrá nuestro cuerpo transformarse en un cuerpo glorioso manteniendo al mismo tiempo su identidad? No lo sabemos. Pero lo que sí sabemos es que no será una simple preservación de la información o una replica virtual de nosotros mismos sino que conservaremos plenamente nuestra identidad. 

  • ¿Qué significa "vida eterna"? 
Tal y como nos dice Benedicto XVI en su Carta Encíclica Spe Salviel concepto "vida eterna" nos resulta confuso y, en ocasiones, hasta poco apetecible. "Eterno" suena a una sucesión continua de hojas de calendario. Por otro lado, lo desconocido nos asusta y hace que prefiramos la vida que llevamos en la tierra, aunque con frecuencia produzca más fatigas que satisfacciones, a esa otra realidad desconocida que la Iglesia nos promete para el Cielo. 

De hecho, "eterno" es un concepto muy pertinente al referirse a la vida que Cristo nos ha prometido. A diferencia de otros conceptos como "inmortal" o "infinito" que normalmente se suelen considerar como sinónimos pero que, en realidad, no son tales, el concepto de eternidad designa una existencia que trasciende al concepto de tiempo. Tal y como la cosmología nos dice, el tiempo es una magnitud que se crea en el Big Bang y no tiene sentido fuera del universo que conocemos. Esto hace que preguntas que todos nos hemos formulado alguna vez del tipo: "¿que hizo Dios todo el tiempo antes de crear el universo?, ¿cuánto tienen que esperar las almas del cielo hasta el Juicio Final, o las almas del Purgatorio para llegar al Cielo?" carezcan de sentido. Si no hay tiempo, no cabe hablar de un "antes", "entonces" o "después". El Cielo no es un lugar y un tiempo sino un estado de cercanía y contacto directo con Dios. 

  • ¿Dónde viviré esa "vida eterna"? 
La Iglesia nos dice que el pecado original no solamente afectó a la humanidad sino a toda la creación e hizo que la naturaleza esté regida por leyes imperfectas que, en ocasiones, causan un dolor y sufrimiento difíciles de entender. No obstante, San Pablo en su carta a los Romanos (Ro 8, 21) nos dice que "la creación misma será liberada de la esclavitud de la corrupción a la libertad de la gloria de los hijos de Dios". Esta segunda creación se ajustará al plan original de Dios, el Paraíso, donde la distinción entre Cielo y tierra quedaba difuminada y el hombre podía tener contacto directo con Dios ("Y oyeron la voz de Dios que se paseaba por el jardín a la hora a la que sopla la brisa"; Génesis 3,8). "El Cielo y la tierra pasarán" (Marcos 13, 31) convirtiéndose en una única realidad. 


Para saber más:

  • Orígenes: el universo, la vida, los humanos. José María Bermúdez de Castro, Carlos Briones Llorente, Alberto Fernández Soto. ISBN: 9788498928624 / 9788498928839 (formato electrónico)
  • La ciencia contra Dios. Javier Pérez Castells. ISBN: 8412327411 / 8412327410 (formato electrónico). 
  • https://www.ted.com/talks/katie_mack_the_death_of_the_universe_and_what_it_means_for_life


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